Reconozco que las sesiones de fotos son a veces agotadoras, acumulas mucha tensión procurando que todo salga perfecto. Midiendo y controlando las luces, el estilismo, la composición … Pero cuando coincides con alguien como Rocío que se toma la sesión como un juego, su sonrisa te contagia y te hace aprender con sus pequeños gestos.






